Censurando que es gerundio.

Pues sí; la censura ha vuelto a la vida social y parece decidida a instalarse.


Pensar en un dictador censurando las voces libres no resulta extraño, aunque sí triste. Así que ver cómo Alejandro Sanz se ha quedado compuesto y sin Concierto puede despertar pocas intrigas. Pero es Grave, MUY GRAVE. La difusión libre del pensamiento, de la palabra ya sea escrita o cantada es un derecho del que todos gozamos y que no puede ser acallado por nadie. Y mucho menos por un dirigente de un Estado que, hoy día, se declara democrático y de derecho. Sé que este dirigente (que todos sabemos y del que no pienso escribir su nombre para no aumentar el número de entradas que lo mencionan) lo que menos quiere es un Estado Democrático, es el típico acomplejado que para autoafianzarse necesita mandar. No permite voces que le contradigan y, mucho menos, que puedan sembrar la duda entre sus súbditos y hacer que se rebelen. Tiene nombre propio dicha enfermedad: Miedo a las ideas libres. (Curiosa la coincidencia con la Iglesia Católica)


Desde aquí mi apoyo a Alejandro Sanz.


Lo que sí ha sorprendido y ha despertado la curiosidad periodística y social ha sido la otra censura vivida en estos días.
He aquí la Venus de Lucas Cranach. Censurada. En pleno Renacimiento era admirada y disfrutada por los señores que podían pagar los salarios de pintores y mecenas. Hoy, en pleno siglo XXI, en la ciudad que representa el modernismo europeo, está censurada.
Los responsables del metro de Londres han decidido que exponerla como reclamo publicitario de una exposición de su autor, es una ofensa contra la sensibilidad de algunos de sus usuarios.
Decididamente, el mundo se ha vuelto loco. O quizá me he vuelto loca yo, y, de pronto, no entiendo nada.
Aunque como bien dice mi amiga Belén: "más vale no entender ciertas cosas"

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¿Y quién soy yo para decir cómo soy? Uno nunca deja de conocerse, y ahí está lo interesante de todo: la incertidumbre de qué, cómo, quién será... Eso lo dejo a vuestro libre albedrio.

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