Comenzando como acabamos

Nada me gustaría más que no estar escribiendo esta entrada. Pero en la vida la cosas no suelen suceder tal y como las queremos. En este punto, jamás querría haber estado en Olivares; pero fui. Y lo siento tanto que no sé ni qué decir.

¿Y ahora qué? ¿Con qué me quedo, con el principio o con el final? ¿Qué es lo que de verdad importa cómo empezamos o cómo acabamos? Si alguna vez lo pensé, ahora estoy más que convencida: lo que de verdad importa es lo del medio. Lo que ocurre entre el inicio y el final de cualquier cosa. Es lo que de verdad marca el curso de los acontecimientos, y lo que, en realidad, se encuentra en el ámbito de nuestro facere.
Es en ese tiempo en el que tenemos que vivir, sentir, luchar. Es ese el momento de nuestra vida. Los inicios y los finales no podemos elegirlos como regla general, pero entre unos y otros si tenemos facultad de decisión.

Por ello, y a pesar de los pesares, me queda el consuelo de saber que tu tiempo intermedio fue bueno. Sé que disfrutaste de la compañía de tu padre y que él con la tuya. Es vuestro tiempo vivido el que marca qué o quiénes sois; cómo fuistéis, sois y seréis. Ahora toca seguir adelante, en un mundo diferente pero con el recuerdo vivo de todos esos momentos. Sé que puedes. Lo sé yo y lo sabemos todos los que te conocemos y te queremos; en especial, ya sabes, nosotras tus niñas; porque Granada puso una marca imborrable en nuestras vidas que nos mantienen unidos ad eternum.

Ánimo, Gracia.

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¿Y quién soy yo para decir cómo soy? Uno nunca deja de conocerse, y ahí está lo interesante de todo: la incertidumbre de qué, cómo, quién será... Eso lo dejo a vuestro libre albedrio.

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